ALEJO CARPENTIER Y LA MODA DE LAS ANTILLAS

ALEJO CARPENTIER Y LA MODA DE LAS ANTILLAS

ALEJO CARPENTIER Y LA MODA DE LAS ANTILLAS

Según cuenta Alejo Carpentier en sus crónicas parisinas, en el Caribe de los años treinta, la preocupación por el buen vestir y seguir la moda de los Estados Unidos y de España fue una constante que se mantuvo viva hasta los años de la revolución en Cuba. Era la más clara manifestación de la opulencia aristocrática y privilegiada sobre los negros y guajiros de la isla. Fue tal su preocupación, que el estilo bon vivant que se impuso en las Antillas durante el primer cuarto de siglo superó con creces al estilo impuesto por los europeos.

En las familias más acomodadas, las mujeres solían usar amplios y elegantes vestidos hechos de tul, con escotes adornados de sutiles bordados de plata y oro sobre fondos celestes, luciendo con donaire lujosos sombreros cubiertos con plumas de aves exóticas, zapatos hechos de pieles y guantes de seda que llegaban hasta el antebrazo, armonizando su indumentaria con exuberantes peinados y tocados. Por su parte, los hombres vestían impecables trajes recamados, algunos con casaca, de frac o simplemente con chaquetines de leva, un sello del caballero criollo de alcurnia de la más hendida fibra de la herencia colonial.

Entre tanto, el negro antillano adoptó un estilo totalmente desprovisto de esa suntuosa porfía aristocrática: era cándido, discreto y diferente de los opulentos círculos sociales del Caribe. Usaban trajes más holgados que eran de fácil y barata confección. Generalmente, el hombre vestía de guayabera -una camisa ligera adornada con alforzas verticales- con pantalones de lino blanco, zapatos de cuero curtido, cuando no, sandalias o cutaras de guano y modestos sombreros de yarey. Así mismo, la mujer guajira prefería usar vaporosas prendas, corpiños ajustados al cuerpo y amplias faldas con enaguas. En su mano, un abanico.

Tras la llegada de la revolución, la moda desnaturalizó el estilo y el aspecto del hombre cubano era el de aquel hombre con largas cabelleras y desordenadas barbas como símbolo de la resistencia anti-yankee y el espíritu de la era castrista. Los sombreros fueron cambiados por boinas y las guayaberas cambiadas por uniformes verde olivo de los guerrilleros de Sierra Maestra. Se implantó la tiranía del mal gusto y, entonces, "llegó el Comandante y mandó a parar", cantaba Carlos Puebla.

Sin embargo, de la mano de esta fuerte influencia de la moda y el buen vestir en Cuba, que vino de la época de los clubes nocturnos y del auge de las grandes divas que exportaron su belleza, se selló el más elegante y arriesgado estilo que ha servido como fuente de inspiración para las principales casas de moda durante décadas y que aún hoy se distinguen al desfilar por las pasarelas más importantes en el mundo.