LA BOMBA PUERTORRIQUEÑA

LA BOMBA PUERTORRIQUEÑA

LA BOMBA PUERTORRIQUEÑA

La bomba es un entrañable ritmo del corazón boricua. Su sonido es una frenética carga de armonía en la que los percusionistas golpean sus tambores, fabricados a partir de barriles de ron cubiertos con pieles de chivo, y frasean alegres estribillos al unísono con el cantante mientras que los bailarines arriban a la pista y la engalanan con su tumbao y alegría sinigual.

Aunque su origen es incierto y está cubierto de leyenda, se sabe que la bomba surgió en la isla en el siglo XVIII, bajo la predominancia del imperio español. Puerto Rico, siendo una colonia estratégica para la Corona por su privilegiada ubicación en el Caribe, fue epicentro de la llegada de miles de esclavos africanos en barcos de contrabando provenientes de Mozambique, Angola y El Congo, con el objetivo de incrementar la escasa mano de obra en las plantaciones de azúcar.

Allí, en medio de paupérrimas condiciones humanas, la bomba se cocinó en el seno de los esclavos como un grito de resistencia ante el dominio inclemente de los amos europeos. Fue la manifestación más profunda del pueblo yoruba por elevar su espíritu en contra de los crueles e injustos tratos de una sociedad aristócrata que poco a poco, y de forma inadvertida, se asentó en la isla.

Durante siglos, la bomba se bailó en extensas plantaciones azucareras, e incluso migró a Haití, que por aquel tiempo estaba bajo el dominio francés, hasta que estallaron las primeras revueltas independentistas, hecho que obligó tanto a franceses como una buena porción de esclavos a huir de la isla para luego refugiarse en Cuba, llevando consigo el sabor boricua. Sin embargo, fue en Mayagüez donde la bomba alcanzó a tener una gran relevancia. Para fines del siglo XIX, y una vez abolida la esclavitud, ya era un ritmo que predominaba en la isla y se bailaba en los más lujosos salones de la alta sociedad puertorriqueña.

Con la comercialización de las primeras vitrolas, el auge de las casas disqueras y el prensado en serie de discos de vinilo, la popularidad de la bomba se difundió por todas las Antillas y gran parte de Latinoamérica. Sin embargo, fue en 1959 con la publicación del álbum Quítate de la vía Perico, una producción de Rafael Cortijo y su combo, en la voz de Ismael Rivera, que la bomba ocupó los primeros lugares de sintonía en las estaciones de radio. La bomba se había internacionalizado.

La formación sonora de la bomba puertorriqueña ha variado con el tiempo, apartándose de su instrumentación original. Hoy consiste en por lo menos dos barriles, acompañados de maracas y un bailador o bailadora que entra en un duelo con el tocador del tambor de barril, mientras se cantan los coros al unísono. A pesar de estas variaciones, la bomba sigue siendo un espectáculo en todos los sentidos, así como la manifestación más pura de la herencia yoruba.